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Soy músico, pero… ¿Soy adorador?

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Hola amigos Tecnoiglesiólogos, es para mí un placer poder escribir este artículo que estoy seguro será de mucha utilidad para ustedes como líderes de alabanza o músicos que tocan en grupo de alabanza.

A lo largo de mi vida he tenido siempre un contacto y una atracción especial hacia la música, desde muy pequeño estuve rodeado de ella, me levantaba, me dormía, y siempre había música a mi alrededor. Esto me hizo empezar, no sólo a quererla, sino a amarla de una manera impresionante. Poco a poco mientras yo crecía, éste amor por la música también creció hasta que un día mi papá me compró un teclado y comencé a tomar clases de piano a la edad de siete años, poco después empezó a llamar mi atención tocar la batería, después la guitarra y siempre me gustó mucho cantar. Actualmente mi instrumento principal es el piano y también me dedico a cantar.

No te preocupes, no te voy a contar toda mi vida, sólo quiero que conozcas un poco de mí para poder entrar al tema del que quiero hablarte…

Mientras crecía, la música siempre estaba presente pero alguien más estuvo siempre ahí, Dios.
Poco a poco empecé a amarlo a Él mucho más de lo que amaba la música hasta que decidí entregarle a Él la música que había dentro de mí cuando entendí que los dones y los talentos que yo tenía, Él me los había regalado.

Tengo ya 4 años como director y líder de Alabanza, soy músico, productor, compositor y arreglista; pero también, después de muchos errores, aprendizaje y corrección, entendí que también soy un adorador.

El ser humano por naturaleza tiene un deseo y un impulso de adorar o venerar algo o a alguien, esto me lleva a señalar que hay personas que, guiadas por motivaciones erróneas, han llevado ese deseo por caminos equivocados que los hace adorar ya sean artistas, figuras públicas, ídolos, dioses falsos, y la lista sigue y sigue… todo esto para satisfacer la necesidad de adorar.

Pero tú y yo sabemos y estamos convencidos de que el único que merece nuestra adoración es Dios, ojo; dije “merece”, no la “necesita” porque Él sigue siendo Dios le adores o no le adores. Esto cambia la perspectiva de nosotros como adoradores cuando vivimos convencidos de que le adoramos no por lo que Él hace o por lo que nos da, sino que le adoramos simplemente por quien es Él, nuestro creador, nuestro Rey.

Una vez que yo entendí esto, me hice la pregunta: Soy músico, pero… ¿soy adorador?

Antes de llegar a la respuesta de ésta pregunta, primero deben estar claros ambos conceptos.

Soy músico porque llevo 10 años estudiando y dedicado a la música, 4 profesionalmente, tengo conocimientos teóricos en cuanto a armonía, rítmica, estilos, etc. Pero ninguna de estas características me acerca a Dios, claro que Él nos dio la música, pero nos la dio con un propósito especial, adorarle. Lo que me acerca a Él es la constante búsqueda de su presencia y de su palabra.

El hecho de pararte en una plataforma y cantar o tocar un instrumento no siempre va a reflejar que eres un adorador; muchas veces me pasó que tenía que dirigir la Alabanza en una reunión o en algún evento y mi corazón estaba conectado con todo menos con Dios, y esto se vio reflejado en mi interpretación.

Muchas veces estamos más enfocados en que una canción suene bien, que agrade a la gente, que al final del culto el Pastor te felicite, pero mi amigo… eso no lo es todo. No te estoy diciendo que descuides la parte técnica y musical que es tener ensayos exitosos, que prepares un buen repertorio y que la gente pueda conectarse con Dios, pero nunca olvides que al momento de ministrar alabanza y adoración, tú compartes de lo que sabes (técnica y musicalmente), pero impartes de lo que eres (tu esencia).

David, era músico pero también era un adorador. Como podemos ver en este versículo:

Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él.

1 Samuel 16:18 (RVR1960)

Puedo tener los más grandes conocimientos musicales, puedo ser un ‘crack‘ organizando ensambles y preparando músicos, pero si mi motivación principal no es el de ministrar el corazón de Dios, de nada sirve lo que estoy haciendo.

Muchas veces me pasó y me ha pasado, no sé si a ti también, que estás dirigiendo el tiempo de alabanza en tu iglesia, preparaste un gran ensayo con la banda, todos llegaron a tiempo, ¡hasta preparaste una canción nueva!, llegas emocionado a la iglesia, comienzas el tiempo de alabanza y la gente no responde al llamado de adoración, simplemente no alzan sus manos, no cantan, no aplauden y en automático te empiezas a poner nervioso y piensas que ¡algo hiciste mal!. Antes de frustrarte y pensar que eres un mal músico, mejor analiza qué estás haciendo mal como adorador.

Dios demanda de nosotros muchas cosas; obediencia, santidad, pero la más importante es que le adoremos en espíritu y en verdad.

Cuando entendí que fui creado para adorar, que mi esencia era estar conectado al corazón de mi creador, la manera en la que ministraba la alabanza cambió radicalmente, porque entendí que la adoración se vive día tras día, que en todo tiempo yo podía adorarle; en camino a la escuela, hablando con mi familia, pasando tiempo con mis amigos, en todo tiempo estoy adorándole.

Sabes que eres un adorador, cuando dejas de depender de lo que otros dicen de ti, y te enfocas en lo que Dios dice de ti.

Te invito a que busques a Dios en lo íntimo, en lo profundo de su habitación, y así, la adoración que hagas en lo secreto, Él te recompensará en público, y cada vez que tomes un instrumento en tus manos para adorar a Dios recuerda que tu también eres un instrumento en sus manos para que por medio de tu adoración, otros puedan conectarse con su corazón. Eso es lo que te convierte en un adorador.

Espero que te haya servido éste artículo, si es así no olvides compartirlo con alguien a quien también le pueda servir.

¡Hasta la próxima!

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Admirador y seguidor de un personaje icónico de todos los tiempos, Jesús. Músico, adorador, productor, comunicólogo y tecnoiglesiologo.

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