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La codicia y la contiendan traen lamentables consecuencias.

La vida del que se aparta de Dios y vive en pecado, es miserable. Muchos de los que llegamos a vivir así, lo podemos constatar. Definitivamente sin Dios, la vida es como andar en un barco en alta mar sin rumbo fijo. Pero si aunado a eso, la vida está dominada por la codicia y la rivalidad, pierde la paz.

La historia de Caín y Abel muestra cómo la contienda se infiltra por el pecado y destruye la relación entre hermanos, que debería ser cercana y profunda.

Génesis 4:1-2

Caín culpa a Abel de que Dios no haya visto con agrado su ofrenda, cuando en realidad fue su corazón, lo que vio Dios. Preso de la ira, se convierte en el primer asesino de la historia de la humanidad. Que fácil puede el pecado dominar el corazón del hombre, volviendo miserable la vida del ser humano, cuando miente con astucia por ocultar su maldad.

Por el pecado de Caín, el hombre es nuevamente expulsado a una tierra de mayor maldición y marginación. La contienda, la envidia y la codicia, son semillas de maldad que traen lamentables consecuencias. Necesitamos mantener nuestro corazón lleno de la palabra de Dios. Tener un verdadero encuentro con Jesús hará que tu vida nunca vuelva a ser la misma. Sólo él puede darte la plenitud que tanto anhelas y la paz que tanto deseas. Cuando te rindes a él sinceramente, el Señor es capaz de cambiar tu mente y poner en ti un nuevo corazón.

 

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