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Azusa a 110 años del avivamiento

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El pasado 9 de abril se cumplieron 110 años del gran movimiento del Espíritu Santo que vino sobre la calle Azusa, aniversario celebrado en el Memorial Coliseum de Los Ángeles, CA., con miles de personas de distintas denominaciones y razas, unidas adorando y clamando en distintas lenguas por un nuevo despertar de la iglesia no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Un evento profético llamado “Azusa Now”. Quien tuvo la oportunidad de presenciar este evento, sin duda pudo experimentar la gloriosa presencia de Dios llenado ese lugar.

EL VIENTO SOPLA DE DONDE QUIERE, Y OYES SU SONIDO; MAS NI SABES DE DÓNDE VIENE, NI A DÓNDE VA; ASÍ ES TODO AQUEL QUE ES NACIDO DEL ESPÍRITU. JUAN 3:8

Pero ¿qué sucedió en Azusa en 1906?

William Joseph Seymour fue hijo de Simmon Seymour, un esclavo que sirvió en la guerra civil a cambio de obtener su libertad. Muy joven, y después de la muerte de su padre, William J. Seymour abandonó su casa en Luisiana para consagrar su vida a Dios. Mientras trabajaba como mesero para poder sostenerse, se unió a una congregación afro americana.

William Seymour encontró en la esclavitud, la verdadera libertad que le trajo al encontrarse con Cristo y al conocer a la persona del Espíritu Santo. Perdió la vista, pero ganó muchas almas para Cristo y un avivamiento histórico.

Dios levantó un hombre humilde, que vivió circunstancias de humillación por la segregación racial que padecía en la misma iglesia, pero Dios tenía un plan. Seymour se convirtió en un instrumento en las manos de Dios para desatar un avivamiento sin precedentes.

El Avivamiento en Azusa antes que llegara a escena Wiiliam Seymor, no fue algo que se diera de la noche a la mañana, ni tampoco fue algo que surgiera por un solo hombre, sino que fue el trabajo de muchos de evangelización en las calles y de largas noches de oración. Dios venía preparando a los Ángeles para lo que estaba por venir.

“SERÍA UN GRAN ERROR DECIR QUE EL MOVIMIENTO PENTECOSTAL VINO POR CAUSA DE UN SOLO HOMBRE QUE ORÓ Y PREDICÓ, EL PENTECOSTÉS NO CAYÓ DE REPENTE DEL CIELO”.- FRANK BARTLEMAN.

Todo inició con un grupo de hombres y mujeres consagrados a Dios, de distintas ciudades de Estados Unidos, hambrientos por su presencia, viviendo día y noche en oración y meditando en su palabra, con corazones ardiendo por vivir un pentecostés a inicios del siglo XX.

Joseph Smale pastor de la primera iglesia Bautista, viajo a Gales, para visitar a Evan Roberts, líder del gran avivamiento que se había vivido en 1904 en el Reino Unido. Llegar allá y ver lo que Dios estaba haciendo en aquella nación, lo transformó y avivó aún más su corazón.

“EL PENTECOSTÉS QUE TANTO DESEAMOS, AÚN NO HA VENIDO, PERO ESTÁ POR LLEGAR”.- JOSEPH SMALE

La manifestación del pentecostés, no vino como un gran fuego, sino que fueron años de preparación y tiempo para que el corazón de estas personas estuviera listo.

Para 1905, William Seymour se quedó al frente de la pequeña iglesia en Houston, mientras que Lucy Farow líder de esta congregación, hacía un viaje a Kansas para visitar al evangelista Charles F. Parham, co-fundador de la iglesia de Dios en Cristo, persona clave en la vida espiritual de Seymour.

En ese entonces, Seymor tuvo la visita de Milly Terry, proveniente de los Ángeles, CA., quien al regresar a su ciudad, lo recomendó con un pequeño grupo de cristianos afroamericanos que se reunían en una sencilla casa en la calle de Bonnie en el Centro de los Ángeles, grupo que era pastoreado por Julia Hutchinson. Oraban unánimes por una llenura del Espíritu Santo.

Le enviaron una invitación con su pase para viajar a los Ángeles, fue un llamado divino que ya tenía preparado el Señor en febrero de 1906.

Al llegar Seymour a los Ángeles y después de una semana, la presión de otros ejercida sobre Hutchinson al no estar de acuerdo con Seymour, la hizo cambiar de parecer y lo echó de su iglesia, quedándose sin refugio, sin trabajo y sin ánimo; sin embargo, Edward S Lee de la misión Penniel, le ofreció hospedarse en su casa. Juntos se dedicaron a orar incansablemente de día y de noche, aun cuando Lee tenía que salir a trabajar. Seymour cubría su tiempo de oración leyendo la Biblia, aumentándolo de 5 a 7 horas al día.

William Seymour, después de pasar por diversas experiencias, humillaciones, rechazo, pero también tiempo donde conoció a hombres y mujeres que edificaron su vida, fueron situaciones que lo formaron y que lo fueron acercando cada vez más a cumplir con el propósito por el cual Dios lo había llamado.

La gente comenzó a ser atraída a ese lugar por lo que estaba sucediendo en la vida de Seymour. El gran crecimiento que comenzó a tener sus reuniones y el estudio de la biblia fue tan rápido, que tuvieron que mudarse a un lugar más grande en la calle de Azusa núm. 312, llegando a alcanzar asistentes de hasta 1300 personas quienes se amontonaban por el hambre que tenían por escuchar la Palabra de Dios.

Finalmente el 9 de abril de 1906, Después de pasar un buen tiempo de alabanza y adoración, predicó sobre el libro de los Hechos 2:4 que dice:

“Y FUERON TODOS LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO, Y COMENZARON A HABLAR EN OTRAS LENGUAS, SEGÚN EL ESPÍRITU LES DABA QUE HABLASEN”

En ese momento vino un poderoso derramamiento del Espíritu Santo sobre toda la congregación y Edward S. Lee, fue bautizado hablando en otras lenguas así como Jennie More, esposa de William Seymour. Todos comenzaron a caer al piso bajo la unción del Espíritu Santo, gozo y gritos de júbilo podían escucharse en todo el vecindario; fue algo tan poderoso, que los curiosos que se acercaban, también eran tocados por el Espíritu Santo y comenzaban a hablar en otras lenguas.

Por tres días y tres noches la oración y adoración continuó y cientos vinieron a los pies de Cristo. Fue hasta la mañana del tercer día que Seymour fue bautizado en el Espíritu.

Este suceso trajo una gran división no sólo entre padres e hijos, sino también entre las iglesias de los Ángeles. Sin embargo, al mismo tiempo, esta visitación del Espíritu comenzó a cambiar la vida de los congregantes de esa casa fortaleciendo su amistad, además de que fue un factor que ayudó a derribar barreras raciales y económicas.

EL INMUEBLE DE MADERA COLOR BLANCO EN LA CALLE DE AZUSA, TENÍA EN LA PARTE SUPERIOR UN ESPACIO DONDE SE IBAN GUARDANDO MULETAS Y BASTONES DE TODOS LOS QUE IBAN SIENDO SANADOS.

La manifestación de lo sobrenatural fue un regalo por la búsqueda de la presencia del Espíritu Santo. 3 veces al día, 7 días a la semana, por 3 años consecutivos, los servicios fueron dirigidos por el Espíritu Santo y no por el hombre. Con coros que no necesitaban instrumentos, pues la música venía directamente del cielo con voces de ángeles que glorificaban a Dios y la gente se unía a ellos.

Lenguas de fuego, visiones, milagros de sanidad y maravillas, todo esto hacía parecer que el mismo cielo estaba en ese lugar.

¿Por qué un hombre como William J. Seymour fue elegido por Dios para liderar un avivamiento como el de Azusa?

“William Seymour fue uno de los hombres más sumisos, él caminaba y hablaba con Dios. El poder de Dios estaba en su debilidad y mantenía una total dependencia de Dios. Tenía un corazón tan sencillo, como la de un niño. Estaba tan lleno de la presencia de Dios, que se podía sentir el amor y la presencia de Dios cada que alguien se le acercaba a él. No había orgullo en su corazón”.- Fe Apostólica, febrero de 1907

Eventos reales de un Dios real

 

Tecnoiglesióloga especializada en el amor por el arte, la lectura y por supuesto escribir, el cual es mi mejor modo de expresión. Me gusta viajar y conocer gente de la cual pueda aprender. Soy amiga del Espíritu Santo, hallada por Dios y aprendiz de Jesús y la más enamorada de Él.

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