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¿Debemos buscar la Excelencia en el ministerio?

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La palabra excelencia es una palabra muy popular en la iglesia contemporánea. Tal vez en más de una ocasión has escuchado a alguien decir “la alabanza se debe hacer con excelencia” o “el servicio siempre debe hacerse con excelencia.” Pero ¿cuál es el significado de la palabra excelencia?

La excelencia, según la Real Academia Española es: Superior calidad o bondad que hace digna de aprecio y estima una cosa o a una persona. Es un talento o cualidad de lo que es extraordinariamente bueno y también de lo que excede lo normal. En términos sencillos, es hacer algo de tal manera que vaya más allá de las normas.

Cuando lo entendemos de esa manera, podemos decir sin duda que todo lo que hagamos, debemos hacerlo con excelencia. Jesús dijo en una ocasión que el mandamiento mas importante en la Biblia es:

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”
Mateo 22:37 (NTV)

Esto quiere decir que debemos amar al Señor de tal manera que sobrepasemos el amor ordinario, y si le amamos de esta manera, entonces todo lo que hagamos para Él será excelente.

Pero si queremos lograr la excelencia, tenemos que entender que va mas allá del servicio a Dios.

Mira lo que dice el libro más famoso del mundo en Colosenses 3:23 (NTV): “Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente.”

Aquí yo puedo ver que Dios nos esta diciendo claramente que debemos trabajar con excelencia en todo.

 

 

Pero entonces tú te preguntarás, ¿cómo llegamos a ser excelentes en lo que hacemos?

Antes de ver los siguientes puntos quiero decirte que buscar la excelencia no es malo como algunos piensan. Algo que debes saber primero es la diferencia entre “excelencia” y “perfección”.

Una definición de perfeccionista es: una persona que considera cualquier cosa que no sea perfecta como inaceptable. La perfección no es la búsqueda de la excelencia, es la búsqueda de lo inalcanzable. Es la creencia de que a menos de que no sea perfecto no soy lo suficientemente bueno.

La perfección te roba tiempo y energía, te obliga a buscar metas inalcanzables, porque no importa lo que hagas, nada es suficientemente bueno.

En la búsqueda de lo perfecto, niegas ver las cosas como son, e insistes en vivir una ilusión que no existe y que está fuera de tu alcance.

Por miedo a no actuar “perfectamente” y cometer errores, las personas perfeccionistas no completan sus tareas, es más, ni siquiera las comienzan, y están en un estado constante de preocupación sobre las cosas negativas que podrían ocurrir.

Las perfeccionistas, en muchas ocasiones evitan o posponen las tareas que se necesitan hacer, por creer que las consecuencias de no hacer algo es preferible a las consecuencias de hacer algo imperfectamente.

Por eso no debemos buscar la perfección en nuestros servicios o ministerios, ya que nos va a frenar para poder llegar a ser lo que Dios espera que seamos. Dios nos creó perfectos, aún con nuestras imperfecciones.

Pero la excelencia es importante alcanzarla, para que, sea cual sea la cosa que hagamos, refleje el amor y la pasión que tenemos por Dios.

Entonces volvemos a la pregunta inicial, ¿Cómo llegamos a alcanzar la excelencia?

Aquí te dejo 6 sencillos puntos que te podrán servir, así como a mi me han servido:

1. La búsqueda de la excelencia debe ser continua.
Si excedes la norma ordinaria, quiere decir que hay una nueva norma. La idea es entender que siempre hay lugar para mejorar.
Cada vez que logres algo bueno, no te conformes, ve más allá. Busca siempre superarte a ti mismo en lo que hagas, y eso te hará convertirte en una persona excelente en donde sea que te desarrolles.

2. Debes establecer metas realistas.
La búsqueda de la excelencia a veces puede ser una tarea desalentadora. Comienza tomando pasos pequeños luego poco a poco toma pasos más grandes hacia la excelencia. Como dice el dicho: El que mucho abarca, poco aprieta.

3. Sé disciplinado.
No te desanimes. Recuerda que la excelencia agrada a Dios. Recuérdate a ti mismo la gracia que Dios te ha mostrado. Disciplínate y propónte aprender lo que aún no sabes, practica, equivócate pero no te detengas nunca. El trabajo duro se verá reflejado en la excelencia de tus resultados.

4. Busca la excelencia, pero guarda tu corazón con humildad.
Tocando una vez más el punto de la perfección y la excelencia, hay quienes no tienen una clara percepción de la diferencia entre ambas y esto hace que las confundan.

Una persona que solo busca la perfección también llega ser una persona egocéntrica, sintiéndose más que otros, y pensando que sólo lo que él hace es lo excelente.

Cuida siempre tu corazón en la humildad, que la búsqueda de excelencia te haga también ser una persona accesible, que escucha, que acepta consejos y que no se cierra a las opiniones de otros. Busca tener siempre una buena actitud ante tus compañeros de servicio o ministerio, aún más si estás en la posición de liderazgo, que esto haga que sea más fácil para otros seguir tu ejemplo.

5. No obligues a quienes no quieren ser excelentes a serlo.
En la vida siempre te vas a encontrar gente que simplemente no va a pensar como tú, que no van a tener los mismos objetivos y que no tendrán las mismas metas que tú.

Aunque no lo creas, también los vas a encontrar en la iglesia y muchas veces son personas que van a tratar de frenar tu trabajo, pero no te preocupes ni tampoco te pelees con ellos.

Solamente ayuda a aquellos que se dejan ser ayudados e impulsa a aquellos que desean serlo, si alguien no desea ser excelente se verá reflejado en su servicio, solo dedícale tiempo de oración para que Dios les dé la revelación de la excelencia, y verás que el que comenzó la obra, como siempre, la perfeccionará.

6. Dios va a recompensar tu trabajo.
Recuerda siempre que Dios es justo. Cuando hacemos las cosas con excelencia, Dios mismo es quien nos recompensa. Seguimos leyendo en Colosenses 3:23-24: “Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente. Recuerden que el Señor los recompensará con una herencia y que a quien verdaderamente sirven es a Cristo…”

Estar enfocado en la excelencia correctamente, mantendrá tu atención en lo que está correcto y funcionando, y no en lo que no funciona. La excelencia no tiene límites, y cuando lo haces para Dios tendrá aún más valor. Siempre busca llegar a niveles más y más altos en excelencia para Dios, dale a Él siempre lo primero y lo mejor.

No le tengas miedo a cometer errores, ten miedo de no aprender de ellos y de no seguir adelante.

Sé una persona excelente y no perfeccionista en cualquiera que sea el área donde te desarrolles, ten un corazón humilde y correcto… Dios se encargará del resto.

Admirador y seguidor de un personaje icónico de todos los tiempos, Jesús. Músico, adorador, productor, comunicólogo y tecnoiglesiologo.

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