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William Borden: Sin reservas, Sin arrepentimiento, Sin vuelta atrás

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William Whiting Borden nació en Chicago, Illinois el 1o de Noviembre de 1887. William fue un millonario desde el día que nació. Después de graduarse del colegio, sus padres le regalaron un viaje alrededor del mundo el cual lo transformó, ya que se dio cuenta de la gran necesidad que había en el mundo, y, a raíz de esto, nace en él un profundo deseo de servir a Dios como misionero, siendo esto un parte aguas en su manera de vivir y pensar.

A su regreso, William comparte con sus amigos su inquietud, por lo que algunos de ellos se mofaron de él diciéndole que si lo hacía, tiraría su vida a la basura. Después de escuchar estas palabras,  William muy convencido, decide escribir en su Biblia “sin reservas.”

Más tarde, William Borden comienza su vida universitaria en  Yale, pero  con un propósito en mente:

Siempre di al yo “no” y a Jesús “sí”.

Los estudiantes de Yale decían que Borden estaba a un nivel espiritual por encima del resto. William se enfrentó con cosas en la universidad que lo decepcionaron, así que decidió hacer algo al respecto. Él y un amigo, comenzaron a tener un tiempo de oración y lectura bíblica antes del desayuno, y como resultado de esto, al final de su primer año, 150 estudiantes ya se estaban integrando  a estas reuniones con él y su amigo; para que finalmente en el último año de su carrera, 1,300 estudiantes estuvieran siendo parte de esas mañanas de estudio bíblico y oración. William realizó diversos ministerios durante su estancia en la universidad, entregó su vida a Jesús como él mismo lo había dicho: Sin reservas.

Una de sus pasiones fue buscar la rectitud. Él tenía en verdad el “hambre y sed de justicia” de la que nos habla Mateo 5:6.

Su vida de oración estaba llena de peticiones que lo demostraban y su manera de vivir también. En una ocasión caminando por las calles de Hyannisport, donde William, siendo niño, recordó que casi al final de sus vacaciones de verano, él había pedido al dueño de un pequeño negocio que le vendiera algo y que después se lo pagaría. El hombre accedió, sin embargo, William olvidó pagarlo, eran solo unos pocos centavos. Tiempo después, al caminar por las calles del pueblo lo recordó y sintió que lo correcto era buscar a aquel vendedor y saldar esa deuda, su intención era tener una vida recta frente a Dios y el mundo y dar testimonio de ello. Esta era su naturaleza. Si él se encontraba con algo que estuviera mal en su vida, hacía lo que fuera necesario para corregirlo.

Su vida espiritual afectó toda su forma de vida, tanto sus momentos de descanso y esparcimiento como sus actividades en su ministerio. Si venía a su mente alguna duda acerca de lo correcto de practicar algo en particular, él se alejaba de esa actividad de inmediato. Era ésta firme convicción por Jesús el rechazar por completo y abandonar todo aquello que lo pudiera apartar de esa vida en santidad que decidió tener.

El secreto del poder espiritual que él había aprendido era un secreto disponible para todos: El Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen” Hechos 5:32.

William Borden sabía que la voluntad de Dios era que fuera a predicar el evangelio a los musulmanes en China, y esa era su meta. Él inspiró a muchos de sus compañeros a que fuesen misioneros. Después de graduarse de la Universidad de Yale, William rechazó muchas ofertas de trabajo que le iban a dar grandes sumas de dinero y en su Biblia escribió: “no hay vuelta atrás”.

William Borden fue al seminario en Princeton para estudiar más. Después de graduarse, emprendió su camino hacia China. Heredero de la fabulosa fortuna de la leche Borden, donó un millón de dólares a las misiones partiendo él como misionero a Egipto, pero una estremecedora noticia estaría llegando un mes después, con  pocas semanas en el campo misionero contrajo meningitis y murió a la edad de 25 años.
Después de esto, cientos de jóvenes en Estados Unidos, rindieron su vida al campo misionero y vidas de cientos de personas fueron cambiadas. Cuando la Biblia de William llegó, encontraron dos palabras más debajo de “¨sin reservas¨ y ¨no hay vuelta atrás¨” y estas eran: “sin arrepentimiento”.

Tecnoiglesióloga especializada en el amor por el arte, la lectura y por supuesto escribir, el cual es mi mejor modo de expresión. Me gusta viajar y conocer gente de la cual pueda aprender. Soy amiga del Espíritu Santo, hallada por Dios y aprendiz de Jesús y la más enamorada de Él.

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